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Hasta ahora es muy común crear estructuras de navegación en la web de lo que se denomina árbol de contenidos. En este tipo de estructuras, se parte de una página principal, desde la que se puede acceder a ciertas secciones y desde estas se accede a subsecciones. Se trata de un método de clasificación originado […]

Hasta ahora es muy común crear estructuras de navegación en la web de lo que se denomina árbol de contenidos. En este tipo de estructuras, se parte de una página principal, desde la que se puede acceder a ciertas secciones y desde estas se accede a subsecciones. Se trata de un método de clasificación originado en la visión de un archivo físico, de aquellos ubicados en grandes estanterías, en los que, quien quiere buscar un documento deberá conocer en qué archivo/cajón/caja se encuentra y la clasificación dentro de este.

Ahora el tiempo ha pasado desde que se usaban este tipo de ficheros para el día a día, nos hemos informatizado, nos hemos conectado a internet y deseamos obtener la información al momento. Una demora mayor de lo habitual en servir un contenido exaspera. De la misma manera, tener que pensar en cuál es la ordenación de un sitio web para deducir en qué lugar se encuentra la información deseada es costoso. Si se parte de la sección incorrecta el resultado muchas veces será que el usuario abandone la página.


El estudio de la usabilidad en el diseño de un portal cada vez es mayor, y en este siempre se intenta que el usuario se pierda menos en el portal, redefiniendo los nombres de las secciones, destacando lo más visitado y reubicando información para hacer un árbol de navegación más “lógico”. Sin embargo, ¿por qué ese árbol resultante es mejor que el diseñado en un inicio? Sin duda porque una mayoría encontrará la información buscada, sin errar en el camino definido. Pero eso deja que exista una minoría que sí se puede perder en la estructura del árbol y no dé con la información solicitada. ¿Y por qué no lo hacen como el resto? ¿Son usuarios tontos? Sin duda la respuesta es que no son usuarios tontos, simplemente piensan diferente. De hecho, todos los usuarios que visitarán la web piensan diferente que el que definió la estructura ya que son personas diferentes, con otras experiencias y otros hábitos de uso (o no uso) de las tecnologías. 


Tal vez la definición de la estructura de un portal web no se debería realizar basada en un árbol de contenidos, sino en una estructura más compleja, tipo mapa conceptual, en la que se pueda acceder a la información siguiendo diferentes caminos, pudiendo dar la posibilidad a los usuarios de decidir de qué manera quieren visitar el portal. Es decir, podríamos tener un portal gastronómico, con una página con el contenido “pollo con patatas” al cual se podría acceder siguiendo la ruta:


Índice >> Aves >> Pollo >> Pollo con patatas


Pero, por qué no ofrecer también el acceso:


Índice >> Cocina rápida >> Pollo con patatas
Índice >> Con patatas >> Pollo con patatas
Índice >> Soy novato >> Recetas fáciles >> Pollo con patatas

 

O, incluso y más sofisticado:

Índice >> ¿Qué ingredientes tengo? >>; Pollo con patatas


Así, podemos acceder al mismo contenido partiendo de necesidades diferentes, respondiendo a posibles necesidades por las que un usuario se conectaría a nuestra página.


Entonces ¿Cómo diseñar un portal web contemplando diferentes accesos? La respuesta es sencilla: Quitémonos el sombrero de vendedor de un producto/marca/imagen y pongámonos en el papel de un usuario que apenas nada tiene que ver con nuestro círculo. Hagámonos las siguientes preguntas: ¿Por qué me conectaría yo a esta página? ¿Qué esperaría de ella? ¿Qué necesidad me puede cubrir? ¿Y qué otra? ¿Y mi vecino/amigo/primo, para qué se conectaría? ¿Cómo navegaría? Una vez resueltas estas preguntas sería el momento de plasmarlas en el esquema web, dando un acceso a la información cubriendo cada una de las respuestas. Tal vez sea buena idea crear secciones con perfiles de usuarios, otras con necesidades, buscadores temáticos, así como darle la vuelta a los títulos de las páginas informativas para descubrir que a la página “coche marca X, 5 puertas” se puede acceder buscando coches de “marca X” o de “5 puertas”.


Tampoco se trata de complicar el mapa web contemplando puntos inconcebibles, sino que un buen diseño debería encontrar el punto de equilibrio entre navegabilidad y facilidad de gestión de los contenidos.

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